A los catorce años, Shawn solo intentaba hacer amigos y amoldarse a una nueva escuela cuando empezó a sacarle cigarrillos a su padre. Pero más de 30 años después, todavía fumaba y el daño a su cuerpo se hacía sentir.
Shawn tenía alrededor de 45 años cuando una tos crónica y una laringitis terminaron siendo un cáncer de garganta. Soportó 38 tratamientos de radiación y horas en el consultorio del médico para finalmente dejar de fumar, pero los médicos no pudieron salvarle la laringe. Ahora tiene un estoma (orificio) que le permite respirar y un implante laríngeo que le permite hablar.
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